ArquitecturaTeoría de la Arquitectura

Cómo conseguir que nuestros diseños de arquitectura transmitan sensación de protección

En otras entradas he resaltado la importancia de que la Arquitectura no sólo proteja físicamente al habitante sino que transmita y refuerce la sensación de protección.

Cuando ello se logra, el hecho arquitectónico adquiere presencia y transmite una mezcla de felicidad y serenidad.

La primera premisa es que percibimos el mundo a través de los sentidos y filtramos esos estímulos a través de la interpretación que nos da el cerebro para construir algo con sentido.

Esas percepciones ya filtradas e interpretadas,  correspondan o no a realidades físicas o simplemente a trampantojos, podemos dividirlas en aquellas que nos captan la atención y aquellas que pasan desapercibidas, aunque hayan entrado por nuestros sentidos sin llegar a ser muy conscientes.

Entre aquellas que nos captan la atención podríamos distinguir dos grandes grupos: las que resultan amenazantes o inquietantes y aquellas que nos captan el interés sin causarnos turbación ni amenazarnos.

La experiencia arquitectónica se puede entender como una secuencia de experiencias sensoriales y emotivas, en la que se acumulan distintas percepciones tanto desde un punto fijo cualquiera como en la propia secuencia de movimientos de la persona a través de los espacios arquitectónicos, experiencias que se acumulan en la memoria o saltan acentuadas en un momento determinado de la experiencia arquitectónica.

¿Cómo podemos conseguir que el sentimiento que aflore sea el de seguridad y protección?

Lo podemos enfocar desde dos puntos de vista:

  • Alejar la atención de los estímulos agresivos, concentrando la misma en un hecho atractivo                 
  • Potenciar la atención sobre elementos protectores

 

INDICE


1) Distraer la atención respecto de los estímulos agresivos

Con esta introducción ya estoy dando pistas sobre uno de los recursos que podemos tener en cuenta a la hora de construir una arquitectura o un entorno que transmitan sensación de protección: dirigir la atención hacia estímulos que siendo suficientemente atractivos, interesantes, no causen inquietud ni amenacen la serenidad.

Quien haya experimentado el estar en círculo, en medio de la noche en torno a una fogata u otra luminaria, con amigos o en un fuego de campamento, probablemente entenderá el concepto porque lo habrá sentido:

La luz genera un espacio circular en derredor cuyo límite está determinado por la propia oscuridad sobre la que no hay percepción. El estímulo de la luz es tan atractivo (y más si es cambiante como el de una fogata que puede resultar hipnótico) que, como un mago, capta la atención poderosamente, dejando en un segundo plano la posible sensación de inseguridad resultante de no poder ver qué puede venir a tus espaldas: realmente la oscuridad hace el efecto de disponer de un muro tras tu espalda: sólo interesa lo que ocurre en el escenario iluminado y al situarse en un punto seguro de ese espacio (el perímetro) el sentido de la vista domina la totalidad de ese espacio, lo cual conduce a sentirse a refugio.

Se une el efecto del grupo que construye a su vez un muro humano que percibimos iluminado frontalmente por la luz en cualquier punto del círculo. El efecto del grupo refuerza esa sensación de protección.

 

Es así como una situación que objetivamente podría ser insegura (nadie garantiza que una manada de lobos atacara por la espalda al grupo reunido en torno al fuego) sea percibida como segura, cómoda y tranquilizadora.

Ese engañoso efecto de seguridad se ve reforzado cuando, por otros sentidos (audición o tacto) sentimos el viento en los árboles, al percibirse que estamos en un espacio seguro dentro de un entorno más hostil.

Otro ejemplo muy significativo, para quien lo haya podido experimentar es el del espacio que se puede crear entre dos recién enamorados que se besan. De nuevo la clave es la atención: el interés se centra tanto en la persona amada, en el beso, en el sentido del tacto, del olfato, del gusto, que el círculo visual y auditivo del cual se es consciente se reduce a unos escasos centímetros. Pareciera que el mundo desaparece alrededor. Es un caso claro sobre cómo la atención logra crear un lugar seguro. La pareja podría estar besándose en la cubierta del Titanic tras el choque con el iceberg mientras el barco se llena de agua salada..y  se sentirían, por unos momentos,  a salvo.

Otro ejemplo en la misma línea, sería la música. Una música especial que incluso invita a cerrar los ojos o a bailar genera tal atención en sí misma que el resto del mundo puede desaparecer. Se crea un espacio propio seguro.

¿Qué recursos podemos aplicar a la arquitectura? Como siempre digo, ¡imaginación al poder!, pero uno de los recursos más antiguos es el patio: un patio interior a la cual vuelca la vivienda se convierte en un cubo de luz (en esa fogata de campamento) si además en éste ocurren cosas interesantes y atractivas para los sentidos (una fuente o cascada, un jardín donde se posan los pájaros, donde las sombras de las hojas de los árboles vibran en el suelo, donde las flores den notas de color, etc…) el patio se convierte en un poderoso centro de atención que ayuda a disipar temores e inseguridades al desviar nuestra atención y focalizarla en algo agradable.

Patio de Lindaraja en la Alhambra de Granada (imagen obtenida en el blog “Por Amor al Arte”)

Del mismo modo podemos jugar con efectos de luz en el interior de una vivienda,

Interior de Salón -Comedor en Vivienda en Torre Guil diseñada por mí 

podemos instalar una chimenea, podemos jugar a marcar con la textura en suelo y paredes una zona privilegiada del espacio o incluir algún elemento que se haga protagonista del espacio (una escalera interesante que lo invada, una alberca o fuente interior, un jardín interior, una mullida y cálida alfombra…) Podemos resaltar algún espacio de reunión (un comedor por ejemplo) dando importancia a la mesa que vamos a situar, eligiendo una luminaria que realce ese espacio y cree un subespacio que haga olvidar lo que tenemos a nuestras espaldas, etc…


2) Evidenciar las funciones protectoras de la arquitectura. Ser y parecer

Otra forma de despertar la sensación de protección es centrar la atención en aquellos elementos que percibimos como los responsables de defendernos de los estímulos agresivos que pueda haber en el entorno. Se evidencia en todo su esplendor cuando las amenazas hacen acto de presencia. Luego es preciso que la atención capte la amenaza y al mismo tiempo o a continuación interprete los elementos protectores como suficientes para evitarle la amenaza.

Podríamos nombrar algunas amenazas reales o interpretadas como tales:

  • Climatología adversa (exceso de calor, de frío, lluvia, viento, nieve, granizo…)
  • Agresiones a la intimidad (el hogar es también madriguera, el espacio propio donde se filtra con quién quieres estar en esos momentos respecto del resto del mundo, pero también podría extrapolarse a otros usos humanos)
  • Ruidos u olores desagradables
  • Vistas desangeladas

Suele ser conocida la experiencia de bienestar al situarse a la sombra fresca de un árbol en mitad del estío. A esa sombra desaparece la sensación de sofoco, se suele sentir incluso cierta brisa, al mismo tiempo se percibe el exterior de ese perímetro de seguridad, donde el sol castiga implacable. El contraste incrementa la sensación de protección.

En el interior de una edificación es más difícil lograr la percepción de la amenaza, aunque ésta exista. Si lo que pretendemos es despertar la sensación de protección hay que poner a trabajar el contraste y hacer perceptibles y presentes los elementos que hacen efectiva esa protección así como los que la amenazan para que esa tensión se resuelva mentalmente en el habitante de la arquitectura.

Métodos para evidenciar la protección frente a las agresiones:

2.1) Mediante recursos espaciales:

2.1.1) Evidenciar la interioridad:

A ello contribuye la forma y la exposición. Como dos caras de la misma moneda.

  • Una forma cóncava al interior ya sea lateralmente, ya sea en su techo – que penetre en su convexidad en el espacio exterior circundante – potencia esa interioridad y esa contraposición del espacio interior contra el espacio exterior, como adueñándose de ese trozo de lugar convirtiéndolo en interior y por tanto, por contraste, incrementa la sensación de protección respecto al exterior. ¿Por qué es esto así? De nuevo por el esquema mental interno que tenemos las personas: al ser seres que nos erguimos en vertical y movemos en un plano de suelo, nuestra percepción habitual del espacio al aire libre es ortoédrica (altura, profundidad), por ello un espacio arquitectónico de forma ortoédrica mediante su forma no es capaz de distinguirse del espacio exterior, por forma no nos llama la atención respecto a su interioridad; sí en cambio un espacio bajo un techo inclinado, abovedado o cualquier forma que rompa con la horizontal o la vertical, llamando la atención sobre el propio espacio y su materialidad interior: cuando se adquiere esa consciencia la sensación de protección es muy potente

 

  • En un espacio, cuya envolvente linde por varios de sus lados con el exterior y esos paramentos sean claramente percibidos como protecciones respecto al exterior se logrará de forma más efectiva dar esa sensación de protección en medio de una tormenta que ese mismo espacio lindando solamente por una fachada por ejemplo (que es además un elemento menos expuesto a los rigores de la tormenta).

En el caso de la lluvia, el granizo … el elemento que más nos protege es una cubierta, la cual nos protege igual de eficazmente una cubierta plana bien resuelta que una inclinada, pero la inclinada entra con más facilidad en nuestro campo visual, rompe nuestro espacio ortogonal evocando la interioridad del espacio que cubre (¡incluso aunque nos cubra al aire libre!), nos llama la atención sobre ella misma y nos evoca lo que hay sobre la misma, en el caso de un tejado: el cielo, sobre todo cuando se escucha el viento y la lluvia cayendo sobre la misma; además, como decía antes, crea esa forma cóncava al interior (convexa contra la bóveda celeste en este caso), contrastada con el espacio ortoédrico que consta en nuestra experiencia espacial habitual que potencia la cualidad de interioridad del espacio percibido.

2.1.2) Alejar el espacio del estímulo agresivo:

– Mediante espacios de transición:

Jugando con la secuencia que experimentamos al cruzar una arquitectura, podemos disponer una serie de espacios de transición que nos hacen ir progiéndonos y alejándonos progresivamente del estímulo agresivo experimentado en el exterior, de forma que percibimos esos espacios y volúmenes de transición como protectores, como centinelas de nuestra arquitectura, de nuestros espacios íntimos donde nos sentimos seguros:

Escalinatas, porches, logias, columnatas, terrazas, jardines, patios a través de los que se accede a la arquitectura, salones de los pasos perdidos, vestíbulos, distribuidores …

En este sentido cobra importancia un control inteligente de las escalas de los espacios, donde a través del tamaño relativo del espacio vayamos contando al habitante una historia que le haga estar más seguro. Una secuencia podría ir desde una escala gigante que pueda existir en algún porche o espacio de transición exterior que se haya diseñado a esa escala para entrar en relación con algún elemento urbano o natural del entorno o para dar importancia representativa al habitante del edificio o los usuarios del mismo, a una escala doméstica muy contrastada, cálida, silenciosa, de un pequeño hall interior que de esa fuerte sensación de estar ya en el interior, y luego ir subiendo de escalas de nuevo al llegar a la zona de estancia principal de la vivienda.

En mi propuesta para la el concurso de Residencia en Murcia para la fundación Assido, apliqué este recurso

 

– Mediante elevación de los espacios a proteger:

 

El cambio de cota es un poderoso recurso para protegernos de muchas de las agresiones externas.

Si además con la elevación nos abrimos a otra cota sobre el espacio peligroso pero ya fuera de peligro, por contraste se resalta la sensación de protección. El mono que se encarama al árbol y triunfante observa burlón cómo se retira, impotente,  un cocodrilo que intentaba darle caza. Es uno de los recursos reiterativos en la arquitectura de Mario Botta por ejemplo.

Casa Bianci. Mario Botta

Un caso extremo que aúna ambos recursos sería la Casa en la Cascada de Frank Lloyd Wright donde el espacio estrella, la zona de estar de la vivienda, construido sobre la propia cascada, levita a otra cota sobre la misma al mismo tiempo que el acceso a ese espacio privilegiado del salón se produce a desde cualquier intinerario través de diversos espacios de transición y sorteando varios elementos muro plásticamente reforzados como tales mediante grosor y textura (ver punto 2.2) que alejan ese espacio tanto de la zona de acceso como de la montaña situada a espaldas de la vivienda.

 
Casa Kaufmann. Frank Lloyd Wright

2.1.3) Configurar correctamente los flujos y remansos del espacio

Lo cual puede enlazar con el Feng Shui, al cual dedicaré alguna entrada más adelante.

Al ser la experiencia arquitectónica y en general la experiencia espacial un hecho secuencial, donde una escena se sucede, bien físicamente (porque nos movemos realmente) bien mentalmente (porque percibimos vistas, sonidos, olores, texturas bajo nuestros pies) ello implica que la arquitectura o el espacio, en general, dispone interiormente de una serie de flechas y movimientos que la atraviesan y así mismo de zonas de remanso.

Para configurar correctamente esas tensiones espaciales-sensoriales y que no entren en conflicto con el uso al cual se destina el espacio hay que tener en cuenta una serie de criterios:

  • No disponer zonas de estancia, trabajo, descanso en medio de zonas tensionadas por flechas. Por ejemplo: si tenemos dos puertas o pasos enfrentados creamos implícitamente una zona de paso (una flecha en una dirección y doble sentido). No sería buena idea interponer una zona para estar en medio de dicha flecha, ya que la sensación de estar en medio de un paso sería demasiado potente y turbadora.
  • El espacio vivido y sentido debe ser perfectamente comprendido desde los puntos de estancia (puntos de remanso o lugares “sagrados” a proteger), independientemente de la complejidad del espacio percibido. Si nuestros sentidos perciben que frente a nuestro lugar de reposo (o actividad dentro de una zona de estancia) hay elementos turbadores o rincones próximos que escapan a nuestro control, la sensación de protección se verá interferida por los mismos.
  • Una derivada de lo anterior es que es aconsejable que la espalda esté cubierta de cualquier agresión, ya sea por diferencia de cota, por una pared. Es decir que no haya elementos (puertas, pasos, sonidos, …) que nos puedan inquietar desde puntos a los que no tenemos acceso.

2.2) Centrando la atención en elementos que además de protectores lo parezcan

La otra cara de la moneda es que el elemento protector concreto sobre el cual se centra nuestra atención, se perciba efectivamente como protector frente a esa agresión; en ello entra en juego la experiencia y las analogías con situaciones similares, lo cual puede llevar a la contradicción de que un elemento que protege perfectamente para el agente agresor físico concreto percibido, no de la sensación de que lo logre y el balance mental interno nuestro se incline a favor del elemento agresor, rompiendo nuestra sensación de seguridad sintiéndonos desprotegidos e impotentes.

Uno puede estar en un coche, sobre el cual la lluvia cae con fuerza y sentirse protegido pero esa sensación cambiar drásticamente cuando la lluvia se transforma en un fuerte y grueso granizo: en ese caso el espacio deja de ser percibido como seguro … incluso aunque el vidrio aguante el embate.

Entonces, además de buscar evidenciar los elementos protectores y ponerlos en contraste:

¿Qué requisitos deben tener los elementos arquitectónicos para resultar protectores frente a la climatología, los ruidos desagradables, intromisiones en la intimidad, etc…?

  • Ser realmente protector. De nada vale visualizar un techo que remarque la interioridad si la composición de ese techo no nos da garantía para proteger esa interioridad y tenemos goteras o vemos cómo el granizo lo va horadando
  • Parecer protector. Aunque un elemento nos proteja de la climatología externa, si lo hace de forma invisible no tendremos seguramente la percepción de protección (nuestra atención estará en otras cosas) luego es interesante dar pistas de su presencia y entidad protectora

2.2.1 Enfatizar las cualidades protectoras de los elementos protectores:

Para ello hay que responder a la cuestión previa:

¿De qué y cómo nos protege ese elemento respecto al estímulo agresivo?

Una arquitectura donde la lluvia y la humedad ambiental sea un elemento muy presente, nos parecerá cobijadora si en sus elementos de cubierta se aprecian los solapes de las piezas, sobresalen los aleros protegiendo la fachada, se visualizan los caminos por los que el agua se evacúa …

Una arquitectura situada en un lugar donde el viento invernal dominante procede de un lugar determinado se percibirá como protectora por parte de sus habitantes si hacia esa orientación donde el viento se convierte en una experiencia desagradable no abre apenas huecos y el MURO se manifiesta como el elemento más potente de la vivienda. Ese fue el recurso utilizado por mí en esta vivienda en Novelda, donde el viento del norte (especialmente desagradable) nos indujo a diseñar toda la cara norte de la vivienda sin apenas huecos, con una fachada muda que cobra una gran presencia. En cambio y por contraste, al sur la vivienda se abre en grandes cristaleras sobre el valle del Vinalopó y la luz del mediodía.

 

Vivienda Unifamiliar en Novelda. Arquitectura Mariñoso

La imaginación y nuestra experiencia sensorial previa serán nuestros guías para lograr enfatizar los elementos protectores de la arquitectura en función de los usos de la misma y de las agresiones externas que nos encontremos, por ejemplo:

Un muro que evidencie un grosor importante, reforzada su presencia mediante unos pocos huecos de poca entidad nos dará sensación de protección y frescor. Una textura vibrante y atractiva, por ejemplo, nos ayudará a enfocar la atención en ese elemento y en su robustez.

Una arquitectura que se despega del terreno nos dará sensación de calidez en un suelo o ambiente húmedo o palustre, todo lo que evidencie ese despegue contribuirá a dar sensación de cobijo.

No sólo protege y cobija el espacio general que nos rodea sino aquellos elementos que generan subespacios o ambientes dentro de un espacio. El diseño del interior, cómo lo vistamos y amueblemos puede potenciar o disminuir la sensación de protección de un mismo espacio.

Un mueble (una cama, un sofá, una mesa camilla) crea por sí mismo un subespacio dentro del espacio general, por tanto sus propiedades protectoras o no se incorporan a la percepción de las del propio espacio arquitectónico. En un frío invierno un rayo de sol que bañe una zona del suelo a mediodía crea por sí mismo un área acogedora (se convierte en una zona atractiva) –un subespacio acogedor, pero si además hay dispuesta una mullida alfombra sobre ese suelo iluminado, el atractivo es casi irresistible.

2.2.2 Enfatizar la escala de los elementos protectores

Otro recurso interesante es recurrir a dar un nivel de escala superior al elemento o los elementos que percibimos como protectores respecto al agente agresivo:

 

En la casa Kaufmann Wright estira el elemento suspendido que alberga la terraza y el estar exagerando su dimensión más allá de lo quizás funcionalmente necesario, además unifica barandilla y suelo con un mismo material para precisamente reforzar la escala de ese elemento y por tanto reforzar su sensación de suspensión. En otras viviendas suyas vemos el mismo recurso estirando casi desproporcionadamente los vuelos de las cubiertas.

 

En algunas viviendas de Mario Botta nos encontramos con cristaleras a cotas dominantes sobredimensionadas, y puestas en contraste con los herméticos muros que las rodean: en ese caso es el vidrio, la transparencia la que pone en evidencia la situación protegida de la estancia (elevada) y de los muros protectores que rodean el resto de la vivienda y por tanto al aumentar la escala del hueco se evidencia esa sensación.

 

Sin salir de la Casa sobre la cascada se elige una escala casi gigante para el espesor de los muros percibidos, que son como estratos verticales similares en grosor a los estratos horizontales que la naturaleza desvela en la zona de la cascada, entrando en relación directa con el entorno en el que está, pero al mismo tiempo, esa escala aparentemente innecesaria, más allá de la escala humana, refuerza la sensación de protección de esas disposiciones sabiamente orientadas. Si luego indagamos más vemos que no son espesores reales de los muros sino aparentes (en el “interior” de uno de ellos va alojada una de las escaleras de la vivienda)

 

Aunque la sensación de seguridad por solidez no suele ser tan acuciante porque la experiencia habitual no nos suele dar problemas en este sentido (salvo pasarelas o forjados mal diseñados que produzcan movimientos o deformaciones excesivas) a menudo la arquitectura ha realzado los elementos estructurales: órdenes clásicos, arquitectura románica, arquitectura gótica … y en cualquier caso una arquitectura que confirma las intuiciones estructurales suele ser tranquilizadora en ese sentido. Del mismo modo cuando no se confirman esas intuiciones surge la sensación de inseguridad. Imaginemos una vivienda diseñada como esta fulgurita: ¿ésto aguantará?


3) Análisis de un ejemplo de vivienda proyectada por Estudio de Arquitectura Mariñoso en el campo de Elche (Alicante)

En este caso se conjugan varios recursos para lograr la sensación de refugio:

  • Apertura al sur y al paisaje: el sol entra en invierno (en verano existe alero que protege) de forma deseada y grata convirtiéndose, junto al paisaje en un poderoso centro de atención sensorial, tanto visualmente como en la sensación térmica, de ese modo se concentra la atención en esos estímulos agradables y se refuerza la sensación de protección, de que el mundo se desvanece más allá de dicho paisaje, de dicha zona de estar iluminada
  • Chimenea: otro elemento que concentra la atención cuando está en uso, siendo también un elemento visual singular que también atrae dicha atención incluso sin estar activado. Contribuye también a disipar nuestra atención de posibles elementos turbadores. Además se resalta respecto al resto de elementos al marcarla en el azul que también adorna los pasos y puertas de la vivienda.
  • Techo inclinado: como se indicaba, refuerza la sensación de interioridad, al romper la homogeneidad de nuestro espacio ortoédrico. El elemento inclinado es percibido como fuertemente protector ante elementos externos como el sol de verano, el fuerte viento que se da en esta ubicación o las precipitaciones (lluvia, nieve, granizo…)
  • Despegue de la cota de suelo: tanto la zona de estar como la terraza que se intuye a través del cristal se sitúan a cierta cota (entre metro y metro y medio) del camino y campos que están frente a la vivienda (el camino va subiendo hasta alcanzar la cota de la vivienda llegando a un patio abierto que sirve de espacio de transición) La propia terraza descubierta actúa de espacio de transición. Es decir, se juega con el alejamiento para lograr mayor sensación de intimidad y refugio respecto a lo que sucede en el resto de la parcela que es puro campo.

En esta otra foto se aprecia cómo la luz crea manchas de luminosidad en las paredes y techos, convirtiéndose en sutiles focos de atención …

Enlace a galería de fotos de la vivienda

La idea para realizar este análisis sobre cómo lograr que en el usuario de la arquitectura se despierten esas emociones fue la lectura de una cita de Barragán, que comento en esta entrada

 

 

 

 

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